La llegada de la inteligencia artificial generativa ha generado preocupación entre los creadores de contenido. Estos modelos requieren grandes volúmenes de datos para su funcionamiento, lo que ha llevado a editores, traductores, ilustradores y actores de doblaje a cuestionar la legalidad de que empresas como OpenAI, Anthropic y Microsoft se beneficien de sus obras sin compensación. Artistas como Taylor Swift ya están tomando medidas, registrando su voz para proteger su propiedad intelectual en este nuevo contexto tecnológico.