En el contexto actual, algunos líderes políticos han recurrido a comparaciones simplistas para abordar el impacto de las redes sociales en los menores. El presidente español, Pedro Sánchez, equiparó el acceso a Instagram con juguetes peligrosos, mientras que el primer ministro británico, Keir Starmer, sugirió que las redes son tan perjudiciales como el alcohol. Estas analogías, que ignoran la complejidad de la realidad digital, han suscitado críticas por su falta de fundamento y por trivializar problemas históricos graves, como el trabajo infantil.