Las gafas conectadas con capacidad de grabación han comenzado a generar un intenso debate sobre la privacidad y el uso responsable de la tecnología. A pesar de que su adopción se encuentra aún en una fase temprana, ya se han observado casos de abuso que han llevado a la creación de una iconografía negativa, como el apodo de «gafas de pervertido». La responsabilidad de detectar si se está siendo grabado recae en la persona grabada, lo que plantea serias preocupaciones sobre la pérdida de privacidad.