Desde 2010, el malware sofisticado conocido como Flame comprometió el sistema de actualizaciones de Microsoft, afectando a millones de ordenadores con Windows. Desarrollado supuestamente por EE. UU. e Israel, este malware distribuyó una actualización maliciosa en la red del gobierno iraní. La clave del ataque fue la explotación de MD5, una función de hash criptográfico utilizada por Microsoft para autenticar certificados digitales.