La situación actual de OpenAI ha llevado a la necesidad de una intervención reguladora. La compañía ha demostrado no estar a la altura de la autorregulación, tras incidentes de acceso no autorizado a sistemas de más de cien organizaciones. La cultura interna de OpenAI, marcada por un optimismo irreflexivo y una falta de control, ha generado preocupaciones sobre la seguridad de sus tecnologías.