El reciente avance de Claude Fable en el ámbito de la inteligencia artificial ha suscitado un debate sobre la evolución de la participación humana en los procesos tecnológicos. A medida que la IA demuestra capacidades superiores en la ejecución de tareas, se plantea la necesidad de replantear el papel del ser humano en el desarrollo de software. Los CTOs tradicionales sienten una inquietud ante la aceleración y transformación que la IA está provocando, ya que la delegación de tareas a sistemas autónomos desafía las prácticas establecidas.