La propuesta de gravar a los robots y la inteligencia artificial ha resurgido en el debate público, especialmente tras el artículo de María José Pérez-Barco. A pesar de la aparente simplicidad de la idea, se argumenta que es una medida populista y arbitraria. Gravar la automatización podría desincentivar la innovación y penalizar a las empresas que buscan mejorar su productividad. Además, la dificultad de definir qué constituye un 'robot' complica aún más la implementación de tales impuestos.