El gobierno británico ha anunciado una prohibición de acceso a redes sociales para menores de 16 años, afectando a plataformas como TikTok e Instagram, pero dejando fuera aplicaciones de mensajería. Aunque la medida parece valiente, en realidad es una solución superficial que ignora el problema subyacente: un modelo industrial que prioriza la atención y la monetización sobre el bienestar de los usuarios. La verdadera solución no radica en prohibir el acceso a los jóvenes, sino en regular todas las redes sociales para que cumplan con normativas de privacidad estrictas.