El reciente análisis sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la economía y el mercado laboral plantea un dilema crucial: a medida que la IA se vuelve capaz de realizar tareas completas, la limitación del crecimiento se traslada de la inteligencia a la capacidad de verificación humana. Los autores del estudio identifican cuatro zonas económicas que clasifican la actividad productiva según su capacidad de automatización y verificación.