Marçal Font, propietario de la librería Fènix en Badalona, se encontró con una situación inusual al notar pedidos extraños que no parecían tener sentido. Tras investigar con su amigo Xavi Vinaixa, descubrieron que una empresa estaba comprando libros para digitalizarlos y alimentarlos a sistemas de inteligencia artificial. Este fenómeno plantea interrogantes sobre el futuro de las librerías de segunda mano y su papel en un mundo donde la tecnología busca acceder a conocimientos de manera rápida y eficiente.