La reciente decisión de la administración Trump de prohibir la autorización de nuevos robots humanoides y cuadrúpedos fabricados fuera de Estados Unidos ha sido justificada bajo el pretexto de la seguridad nacional. Sin embargo, esta medida parece más un intento de proteger la industria estadounidense que una verdadera preocupación por la seguridad, ya que no establece estándares técnicos claros para los dispositivos.