En un contexto donde el consumo tiende a la comodidad, surge un fenómeno interesante: cada vez más personas se están aventurando a crear su propio software. Este cambio se debe, en gran parte, a la accesibilidad que ofrece la inteligencia artificial, que ha eliminado muchas de las barreras tradicionales de la programación. Desde aplicaciones para organizar tareas cotidianas hasta herramientas específicas para resolver problemas personales, el software casero está en auge.