El reciente decreto de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que promueve el uso de reconocimiento facial mediante inteligencia artificial, ha generado una ola de preocupación entre expertos en derechos humanos y tecnología. Este avance podría facilitar la vigilancia masiva y la identificación de ciudadanos en espacios públicos, lo que plantea serias interrogantes sobre la privacidad y la libertad individual.