En 1986, enviar un correo electrónico era una tarea compleja y costosa que requería un ordenador portátil, un teléfono público y un acoplador acústico. Un vídeo de la BBC ilustra cómo una mujer intenta enviar un mensaje desde Ámsterdam a Londres, enfrentándose a dificultades técnicas y a la falta de internet. Las llamadas internacionales eran caras y poco fiables, lo que hacía que el acceso a este servicio fuera un lujo, considerado «digno de la alta sociedad».