La relación entre el poder político y las grandes empresas tecnológicas se ha vuelto cada vez más tensa, como lo demuestra la disputa entre la administración estadounidense y Anthropic. Esta empresa, que ha ganado un contrato de 200 millones de dólares para integrar su inteligencia artificial en operaciones de defensa, se encuentra en el centro de un conflicto por su postura en el uso militar de la IA.