La industria del rendimiento automotriz ha experimentado una transformación notable en las últimas décadas. Lo que antes requería conocimientos mecánicos y ajustes manuales, ahora se puede realizar en minutos gracias a las unidades de control electrónico (ECU), que permiten obtener incrementos significativos en la potencia y el par motor de motores atmosféricos, turboalimentados o sobrealimentados.